El arte del maridaje: Celebra el Día Internacional del Vino y el Queso

Hay combinaciones gastronómicas que nacieron para estar juntas, pero pocas poseen la elegancia, la mística y la historia de este maridaje. Cada 25 de julio se celebra el Día Internacional del Vino y el Queso (International Wine and Cheese Day), una fecha que rinde homenaje a una de las alianzas culinarias más icónicas y disfrutadas del planeta.

Ya sea que prefieras un tinto robusto con un queso curado o un blanco fresco con un brie cremoso, este día ofrece la excusa perfecta para descorchar una botella y armar una buena tabla.

El origen del Día del Vino y el Queso

A diferencia de las festividades milenarias, la creación de este día es relativamente reciente. La celebración comenzó a ganar fuerza en Estados Unidos a mediados de la década de 2010, impulsada por entusiastas gastronómicos y sommeliers, y rápidamente se viralizó a nivel global gracias a las redes sociales.

Más allá del festejo comercial, la fecha busca valorar la cultura de la fermentación y promover el consumo consciente de productos artesanales locales.

La historia del maridaje

El vino y el queso no se encontraron por casualidad en un restaurante moderno, crecieron juntos a lo largo de los siglos.

En la antigüedad y la Edad Media, los agricultores y pastores europeos (especialmente en regiones de Francia, Italia y España) consumían lo que su tierra producía. El queso permitía conservar la leche sobrante y el vino mantenía el agua libre de bacterias dañinas.

En el medioevo francés existía un dicho célebre entre los comerciantes de vino: «Acheter al fromage et vendre al pain». La traducción: Compra con queso y vende con pan. Los vendedores sabían que si le daban a probar un pedazo de queso grasoso al comprador, este enmascaraba los defectos de un vino de baja calidad, haciéndolo parecer más suave y agradable.

La ciencia del sabor: ¿Por qué este maridaje funciona tan bien?

Desde el punto de vista de la gastronomía molecular, el éxito de esta pareja se reduce al equilibrio de texturas y contrastes en la lengua.

La grasa y las proteínas del queso cubren las papilas gustativas. Los taninos y la acidez del vino cortan esa capa grasa, “limpiando” el paladar tras cada bocado para que el siguiente vuelva a saber igual de intenso.

Reglas de oro para armar tu tabla de degustación

Si vas a celebrar este día en casa, recuerda estos consejos básicos de sumillería:

  1. Misma región, éxito seguro: Los maridajes territoriales rara vez fallan. Un queso Sancerre de cabra con un Sauvignon Blanc del Valle del Loira, o un Manchego con un Tempranillo español.
  2. Iguala intensidades: Quesos suaves requieren vinos ligeros, quesos potentes exigen vinos estructurados. Si sirves un vino muy sutil con un queso azul, el queso “matará” el sabor del vino.
  3. El orden importa: Sirve siempre de los sabores más suaves y frescos a los más añejos e intensos para no saturar tu paladar desde el inicio.

Con toda esta información ya no te puedes quedar abajo de la celebración del maridaje más famoso del mundo.