La introducción de las cepas finas francesas a Chile a mediados del siglo XIX transformó radicalmente la vitivinicultura nacional, pasando de la producción colonial basada en la cepa País a un modelo moderno de estándar global.
¿Cómo ocurrió este proceso? Te lo contamos en este artículo.
Introducción de las cepas finas francesas
Antes de las grandes plantaciones privadas, el naturalista francés Claude Gay convenció al gobierno chileno de crear la Quinta Normal de Agricultura en Santiago. Este espacio funcionó como una estación experimental agrícola donde se importaron y probaron científicamente las primeras variedades de plantas y vides traídas de Europa.
El hito de Silvestre Ochagavía
Pero el verdadero punto de quiebre ocurrió en 1851 de la mano de Silvestre Ochagavía Errázuriz, considerado el padre de la viticultura moderna chilena.
Tras residir en Francia y estudiar sus métodos agrícolas, Ochagavía decidió modernizar sus fundos en el Valle del Maipo, e importó directamente desde Francia estaquillas de cepas tintas y blancas emblemáticas de las regiones de Burdeos y Borgoña, entre ellas Cabernet Sauvignon, Merlot, Carmenère, Malbec (Cot), Pinot Noir, Sauvignon Blanc y Semillón.
Entendiendo que la cepa por sí sola no bastaba, contrató a enólogos y técnicos franceses para enseñar las técnicas europeas de poda, conducción de la parra y vinificación.
El rol que jugó René F. Le Feuvre
Fue un destacado ingeniero agrónomo y académico francés que desempeñó un rol fundamental en la profesionalización, modernización y consolidación de la vitivinicultura de influencia francesa en Chile durante el último tercio del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
En 1873, fue contratado por el gobierno de Chile para impulsar y dirigir la enseñanza agrícola superior en el país, por lo que entre 1873 y 1903, ejerció como profesor y primer director del Instituto Agrícola de Chile (dependiente de la Quinta Normal de Agricultura de Santiago), antecedente directo de la actual Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile.
Le Feuvre diseñó los programas educativos con los que se formó la primera generación de agrónomos e ingenieros agrícolas chilenos. A través de la cátedra, enseñó el manejo agronómico específico que requerían las cepas finas al estilo de Burdeos.
Escribió y publicó numerosa literatura técnica y manuales sobre viticultura chilena, estudios zonales de los valles y guías para el cultivo de la vid y la elaboración de vinos de calidad.
Su meta explícita fue elevar los estándares locales para convertir a Chile en una suerte de “Francia de América del Sur” en materia vitivinícola.
Adopción masiva por la aristocracia chilena
El éxito de las cosechas de Ochagavía motivó a las familias más influyentes de la época, impulsadas por el auge minero y agrícola y su admiración por la cultura francesa, a replicar el modelo. En las décadas siguientes, figuras como Maximiano Errázuriz, Luis Cousiño, Melchor Concha y Toro, y Domingo Fernández Concha importaron más cepas y contrataron especialistas galos, fundando las bodegas tradicionales del Valle Central.
La llegada de las cepas finas francesas (oriundas de Burdeos y Borgoña) a mediados del siglo XIX marcó un quiebre histórico en la vitivinicultura chilena. Mientras estas nuevas variedades convirtieron a Chile en un actor relevante para el mercado internacional, tuvieron un impacto profundo y no siempre favorable sobre el resto de la producción tradicional local.
¿Qué pasó con las cepas locales?
Hasta antes de 1850, la viticultura chilena estaba dominada casi en su totalidad por la cepa País, pero cuando las élites locales comenzaron a calificar esta cepa de “rústica”, “corriente” o “inferior” en comparación con la sofisticación de los vinos elaborados al estilo francés, la País pasó a comercializarse a precios muy bajos, quedando relegada al autoconsumo local o a la elaboración de vinos masivos.
Las cepas finas francesas no eliminaron la producción local, sino que la desplazaron de mercados especializados y de la oportunidad de la internacionalización.
Mientras el Valle del Maipo producía botellas finas de Cabernet Sauvignon para la aristocracia, el secano interior de los valles de los ríos del Maule, Itata y Biobío siguió produciendo enormes volúmenes de vino País en pipas de madera y bodegas artesanales.
Por décadas, los pequeños productores quedaron rezagados sin acceso al crédito, a la modernización tecnológica ni a los canales formales de distribución que sí dominaban las grandes viñas francesas de la época.
El giro moderno: El resurgimiento del patrimonio
Con el paso del tiempo, la relación con las cepas tradicionales ha tomado un nuevo rumbo. En las últimas décadas, enólogos locales e internacionales han impulsado la recuperación del patrimonio vitivinícola chileno.
Se descubrió que las viejas parras de cepa País (de cien o doscientos años) cultivadas sin riego poseen un valor histórico y enológico único en el mundo, dando origen a vinos tintos ligeros, frescos y de nicho que hoy son reconocidos en la alta gastronomía.
Referencias
- https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-98188.html
- https://www.latercera.com/pulso/la-conquista-del-vino/
- https://es.wikipedia.org/wiki/Silvestre_Ochagav%C3%ADa_Err%C3%A1zuriz
- https://colegioingenierosagronomoschile.cl/descubrimiento-de-la-vid-carmenere-en-chile/#:~:text=Si%20bien%20a%20mediados%20del%20siglo%20XIX%2C,durante%20el%20per%C3%ADodo%20de%20la%20colonia%20espa%C3%B1ola.
- https://centropatrimonio.uc.cl/wp-content/uploads/2023/01/Patrimonio-vitivinicola-aproximaciones-a-la-cultura-del-vino-en-Chile-1.pdf#:~:text=Concha%20introdujo%20cepas%20finas%20francesas%20en%20Chile,San%20Antonio%2C%20Casablanca%2C%20Limar%C3%AD%2C%20Maipo%2C.%20Curic%C3%B3%2C%20Colchagua
- https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-23762006000200008