¿Cómo se produce la Uva Chasselas en Chile?

Como sabemos, la producción de esta cepa se concentra en el Valle del Itata, principalmente en la comuna de Quillón. ¿Pero dónde encontramos estas parras? ¿Quiénes son los productores y cuáles son sus prácticas para obtener la Chasselas?

La investigación que han llevado a cabo investigadores de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, en el marco del proyecto FIC-R, financiado por el Gobierno Regional de Ñuble, para la obtención del Sello de Origen para esta cepa, nos da algunas respuestas.

Chasselas, una cepa de tradición familiar

En Chile, la uva Chasselas se cultiva principalmente en el Valle del Itata mediante Agricultura Familiar Campesina. Las técnicas de trabajo se han transmitido de generación en generación, lo que ha permitido que esta variedad se mantenga viva en la zona. 

Se trata de un cultivo tradicional con poca tecnología y sin tanta maquinaria, donde pesa mucho el conocimiento de los propios agricultores. Además, gran parte de los viñedos son bastante antiguos y forman parte de la historia vitivinícola del lugar. 

Quienes cultivan Chasselas en el Valle del Itata son en su gran mayoría hombres (casi un 90%), de entre 43 y 80 años, con una edad promedio de 60.

Un detalle muy característico de la cepa Chasselas entre los productores es que la gran mayoría la llama “Corinto” o “Corinta”, siendo el nombre más común en el Valle del Itata. Otros también la conocen como “Tempranera” o “Primera”, ya que es una uva que se cosecha antes que el resto de las variedades de la zona, y este nombre se ha arraigado en la cultura popular de la zona.

¿Cuál es el manejo de las parras de Chasselas?

Densidad de plantación

La mayoría de estos viñedos poseen una densidad en marco cuadrado, con un diseño que va desde 1,0 x 1,0 hasta 1,5 x 1,5 m (entre hilera y sobre hilera). Las densidades más comunes son las de 1,20 x 1,20 m y 1,30 x 1,30 m, trazadas en su mayoría por las generaciones anteriores que administraron las tierras.

Sistema de conducción

El sistema de conducción que más usan los productores es “en cabeza” o “en vaso”. Este manejo se da especialmente en Florida y Ránquil, y en un tercio de los viñateros de Quillón, siendo otro de los grandes elementos distintivos de la viticultura tradicional del Itata.

La gran mayoría de las parras conducidas en cabeza superan los 50 o 60 años, e incluso hay ejemplares centenarios, lo que demuestra lo resistentes que son estas viñas al secano.

Sin embargo, en Quillón algunos productores han decidido dar el paso hacia la espaldera o “alambrado”. Debido a que la baja altura del sistema en cabeza facilita que crezcan malezas y aumenta el riesgo de que la fruta se pudra. Esto da cuenta de cómo la tradición del valle empieza a convivir con nuevas soluciones para facilitar el trabajo y cuidar la salud de la uva.

Poda

Todos los productores encuestados coinciden en que es una tarea clave. Esta labor se hace a mano durante el periodo de descanso de las parras (poda de invierno) para controlar cuánta fruta darán, mantener la forma de la planta y asegurar un buen brote en la siguiente temporada, apoyándose siempre en el conocimiento empírico transmitido por sus familias.

En general, la mayoría no suele reemplazar las plantas viejas y prefiere mantener el viñedo tal como está solo con la poda. En algunos casos puntuales, también complementan la poda haciendo injertos de otras variedades blancas sobre los propios pies de Chasselas.

Riego

La producción de Chasselas se hace 100% en secano, es decir, depende exclusivamente del agua de lluvia. Ninguno de los viñateros encuestados usa riego actualmente, y aunque algunos intentaron instalar sistemas en el pasado, no fueron pensados para esta cepa en particular.

Esta forma de cultivar no es casualidad: trabajar solo con lo que cae del cielo es, precisamente, la manera tradicional en que la viticultura se ha sostenido históricamente en el Valle del Itata.

Esta ausencia de riego no es solo por falta de tecnología o infraestructura, es una práctica tradicional heredada que ha demostrado ser muy funcional y resistente al clima de la zona. Gracias a esta capacidad de las parras para adaptarse a épocas de poca agua, muchos viñedos han logrado sobrevivir por más de 50 años, e incluso superar el siglo de antigüedad.

En el Valle del Itata, cultivar Chasselas en secano es tanto una estrategia para adaptarse al entorno como un sello de identidad. Forma parte del paisaje rural, de la cultura familiar y de la conservación de la viticultura patrimonial de la zona.

Cosecha

Para saber cuándo cosechar, los viñateros confían en sus sentidos: se fijan en el color dorado de la uva y la prueban para evaluar qué tan dulce está. Solo a veces complementan este ojo experto midiendo los grados Brix y, en menor medida, la acidez. 

La vendimia es 100% manual y se hace entre finales de enero y principios de marzo. Luego, los racimos se guardan temporalmente en cajas y se trasladan a bodegas o centros de acopio en un plazo no mayor a un día. Casi toda la fruta se vende a estos centros de acopio para hacer vino. 

¿Cuáles son los usos de la Chasselas?

Aquí hay un dato que es clave. Ningún productor hace vino de Chasselas por su cuenta; la uva se vende mezclada a los centros de acopio para aumentar el volumen de la cepa Italia (u otra cepa blanca). 

En cuanto a otros usos, solo un agricultor destina toda su cosecha al consumo fresco en ferias locales, aunque otros aprovechan parte de su uva para comer en casa o vender a pequeña escala.

Algunos de los viñateros elaboran vino en sus propios predios, pero utilizando otras cepas. Para el prensado combinan desde métodos mecánicos hasta la técnica manual tradicional, y para guardarlo usan cubas de acero inoxidable, barricas de madera o ambas.

Prevalencia de la Uva Chasselas

La Uva Chasselas lleva muchas décadas presente en el Valle del Itata. Sin embargo, ha perdido valor, y como se ha podido constatar, en el caso de la producción de vino se utiliza para “rellenar” vinos de otras variedades. 

Esta cepa tiene potencial para conseguir el Sello de Origen del Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI), lo que los productores reconocen sería un gran aporte para volver a darle valor patrimonial, pero también económico a la Chasselas.