El tejido de la identidad: Día Mundial del Folklore

Cada 22 de agosto se celebra el Día Mundial del Folklore, una fecha dedicada a honrar el saber popular, las tradiciones y el patrimonio inmaterial que unen a las culturas del mundo.

¿Qué es el folklore?

La palabra folklore nace de la unión de dos términos anglosajones: folk (pueblo) y lore (saber o conocimiento). Por lo tanto, en su sentido estricto, significa «el saber del pueblo».

Para comprender su verdadero alcance, los organismos internacionales y culturales prefieren enmarcarlo dentro del concepto de Patrimonio Cultural Inmaterial:

Según la UNESCO, el folklore o patrimonio inmaterial abarca «los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas —junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes— que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural».

Por su parte, instituciones como el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) destacan que el folklore es dinámico y vivo: se transmite de generación en generación, se recrea constantemente por las comunidades en función de su entorno y les da un sentido de identidad y continuidad.

En definitiva, comprende:

  • Tradiciones y expresiones orales: Mitos, leyendas, modismos y canciones.
  • Artes del espectáculo: Danza, música tradicional y teatro popular.
  • Usos sociales, rituales y actos festivos: Fiestas patronales y celebraciones de cosecha.
  • Conocimientos vinculados a la naturaleza y el universo: Medicina tradicional, técnicas agrícolas y astronomía popular.
  • Técnicas artesanales tradicionales: Alfarería, textilería y gastronomía.

La vitivinicultura, ¿puede considerarse parte del folklore?

A primera vista, la vitivinicultura suele asociarse con un sector industrial, agrocomercial o económico. Sin embargo, si analizamos la actividad a fondo, la vitivinicultura es una manifestación concreta del folklore.

Aunque hoy en día cuenta con avances tecnológicos y procesos industrializados, la cultura del vino hunde sus raíces en siglos de tradición popular:

  • Saber ancestral y transmisión oral: El conocimiento sobre los ciclos de la tierra, la poda, la fermentación artesanal y el cuidado de la vid se ha transmitido de padres a hijos durante generaciones a través de la práctica y la palabra.
  • Fiestas y rituales festivos: Las celebraciones de la cosecha, las vendimias, son expresiones folklóricas de primer orden. Incluyen bendiciones de la fruta, bailes típicos, música popular, elección de reinas o figuras representativas y banquetes comunitarios.
  • Gastronomía e identidad territorial: El vino forma parte del patrimonio gastronómico de muchas regiones. Moldea las canciones de los arrieros, los refranes populares y la cosmovisión de las comunidades campesinas.
  • Artesanía aplicada: Las técnicas tradicionales de elaboración de toneles, la arquitectura de bodegas subterráneas y el diseño de vasijas de barro son manifestaciones de artesanía popular directa.

Así también lo ha constatado la UNESCO en diferentes oportunidades, reconociendo, por ejemplo, prácticas tradicionales de cultivo de viñas en vaso en Italia, o reconociendo al vino como parte de la herencia de la humanidad.

El Día Mundial del Folklore nos permite, paradójicamente, recordar el presente. Ya sea a través de una cueca, una leyenda transmitida al fuego de la chimenea o el brindis festivo durante la vendimia, el folklore sigue estando en el corazón de nuestra cotidianidad. Protegerlo es defender la diversidad cultural que hace de nuestras sociedades espacios únicos.