El choclo forma parte de la gastronomía chilena de múltiples formas, y nos ha acompañado desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando fue introducido en nuestro país.
Existen muchísimas variedades de maíz, muchas de ellas híbridas (resultado del cruce de dos variedades de una misma especie), como resultado de la búsqueda de mayor rendimiento por hectárea, de maíces más fuertes, de mazorcas más grandes, etc.
Sin embargo, existen variedades criollas, no híbridas, que tienen muchas cualidades particulares, pero no está dentro de estas el ser productivas o rentables comercialmente, justamente porque competir con las variedades híbridas es muy complejo.
El Maíz Amarillo de Ñuble
El Maíz Amarillo de Ñuble es una variedad criolla o raza loca de maíz, que se ha registrado en las comunas de Ninhue, San Ignacio, Pemuco, Quillón, Chillán, Bulnes y Yungay, en la Región de Ñuble; y en las comunas de Yumbel y Laja, en la Región del Biobío.
Localmente también se le conoce como “choclo chico” o “antiguo”, ya que, en comparación con maíces híbridos, es de un tamaño considerablemente menor y se produce desde hace mucho tiempo a nivel local. Forma parte de los maíces dulces, debido a la fama de su sabor característico, que “sí sabe a choclo”, según los locales.
Y por último está su color, un amarillo intenso, lo que, por ejemplo, distingue la chuchoca hecha de Maíz Amarillo de Ñuble de la elaborada de con otras variedades. Además, este maíz es reconocido por ser usado en la preparación de la pastelera para hacer humitas y pasteles de choclo.
¿Por qué otorgarle un Sello de Origen al Maíz Amarillo de Ñuble?
Como hemos revisado en artículos anteriores, los Sellos de Origen del Instituto Nacional de Propiedad Industrial los obtienen productos que son resultado de una combinación única de factores naturales y humanos.
En el caso del Maíz Amarillo de Ñuble, actualmente se produce principalmente en la comuna de Coihueco en la Región de Ñuble, como parte de la Agricultura Familiar Campesina (AFC), ya que los pocos productores y productoras que lo trabajan lo hacen sin objetivos comerciales y en predios pequeños (menos de 2 ha).
La importancia de un sello de origen también radica en la protección que brinda al producto en cuestión. Como el Maíz Amarillo de Ñuble es una raza local poco trabajada, aunque localmente muy reconocida por su uso culinario, se enfrenta al peligro de la desaparición.
La obtención de un sello de origen para este producto podría revalorizarlo, no sólo a nivel comercial, sino también cultural: podría incentivar la producción de Maíz Amarillo en las comunidades aledañas, preservando así esta tradición y agrobiodiversidad. Como también podría impulsar el turismo en la comuna y la región, mediante las preparaciones tradicionales tan celebradas que se pueden hacer con él.
Maíz Amarillo de Ñuble: Agricultura de subsistencia
Esta variedad de maíz hoy funciona como agricultura de subsistencia para las familias que lo producen. Revalorizarlo de una forma distinta podría brindar a esta comunidad una oportunidad de tener ingresos reales produciendo Maíz Amarillo de Ñuble.
El objetivo de lograr un sello de origen para este producto no tiene que ver con comercializarlo de forma masiva, necesariamente, sino con reconocer nuestro patrimonio agroalimentario, protegerlo y preservarlo.